No volveré a olvidar ese día, día en el que por fin fuiste mía. El portal estaba solitario y morboso. Todo empezó con unos besos, caricias y sonrisas. ¡Estaba tan guapa! Subimos a tu casa y allí empezó todo. Te puse contra la pared y comencé con unos besos ligeros en el cuello, mientras que tu me acercabas cada vez mas fuerte y de repente corriste al salón. Había un sofá blanco, una alfombra grande y una bonita chimenea ya encendida. Te tumbe en la alfombra y me puse encima tuya sin que nuestras lenguas dejaran de rozarse. Me quitaste la camiseta, yo me deshice de la tuya. Baje mi mano decididamente hasta la pierna y la subí. Tu me desabrochaste el pantalón. Me despoje de mis pantalones y empece a bajar con besos, primero el cuello, después un pequeño mordisco en tus pechos, tan blandos y dulces, note lo rápido que te latía el corazón. Luego tu barriga, hasta llegar a la mini falda y quitarla mediante bocados. Tu te mordías el labio ¡Que sexy! Tu mirada tan dulce e inocente, tu cuerpo tan perfecto por sus imperfecciones y ese gracioso lunar que tanto adoro. Subí lento desde tus tobillos rozando con los labios, un pequeño mordisco en tu sexo mientras te quitabas el sujetador y solo falta un ultimo paso. Poco a poco deslicé mis dedos debajo de tus tangas y me doy cuenta de lo húmeda que estabas. Con cuidado te introduje un dedo, tu cuerpo se estremeció. Lento, dentro, fuera, cada vez más húmeda. Por fin te quito tus tangas y las tiro lo mas lejos posible. Continuara...